Cada semana me entra el mismo mensaje al WhatsApp.
«Hola Pere, quiero dedicarme a esto. ¿Qué tengo que estudiar?»
Y la respuesta honesta no es una lista de cursos. Lo siento.
Podría soltarte diez nombres de formaciones, ponerlos en bonito y quedarme tan ancho. Pero eso no te sirve de nada, porque la pregunta de verdad no es «¿qué curso hago?». La pregunta de verdad es «¿hacia dónde voy?».
Y resulta que eso sí te lo puedo contar, porque llevo unos veinticinco años recorriendo ese camino y viendo a gente recorrerlo.
Así que te dibujo el mapa. Con la base, el camino, las ramas y el techo. Y con lo que no necesitas, que también es información.
La base: todo empieza por el quiromasaje
Aquí no hay atajo ni misterio.
Se empieza por el quiromasaje. Anatomía, fisiología, manos y horas de camilla. Ese es el tronco del árbol.
¿Por qué? Porque toda especialidad que venga después se apoya ahí. Si no sabes qué hay debajo de tus manos, si no sabes leer un cuerpo por el tacto, si no has hecho el suficiente número de masajes como para que las manos vayan solas mientras tú escuchas a la persona… entonces la especialidad no aguanta. Es una técnica colgada del aire.
Lo veo constantemente: gente con cinco cursos de cosas raras y sin base. Hacen lo que aprendieron en el curso, tal cual, como quien recita. Y en cuanto el cliente se sale del guion, se quedan en blanco.
La base no es la parte aburrida antes de lo interesante. La base ES lo interesante. Lo demás son matices.
Y antes de seguir, quítate una piedra del zapato: para dar masajes en España no necesitas ser sanitario ni sacarte ninguna carrera. Te lo explico en detalle en los requisitos para ser masajista en España, porque hay mucho lío con esto y mucha gente lleva años sin dar el paso por un miedo que no tiene fundamento.
El camino que vas a recorrer, quieras o no
Ahora viene la parte que casi nadie te cuenta.
Hay un camino que todos los masajistas recorremos. Y está trazado antes de que empieces.
Es un camino de un solo sentido: empiezas queriendo relajar y acabas queriendo arreglar.
Empiezas siendo «fluido» (no me gusta la palabra, pero me entiendes) y terminas siempre siendo más técnico de lo que empezaste. Te empujan tus manos, te empuja el corazón y, no te voy a mentir, te empuja el mercado. Porque la gente se sube a tu camilla y te cuenta lo que le duele. Siempre. Es inevitable.
Unos lo recorren rápido, otros despacio, otros se quedan a mitad. Y está bien, puede que ese sea su sitio del camino.
Te lo ilustro con una paella, que soy valenciano y tengo derecho.
Dos personas que no han hecho una paella en su vida. Pepe y Neus.
Pepe es electricista y perfeccionista, de los que dejan el trabajo impecable. Como no sabe, busca una receta. Tantos gramos, tantos minutos, tanto fuego. Y hace exactamente lo que dice la receta. Eso le da paz mental y así disfruta.
Neus va a lo suyo. Le importa un pimiento la receta. Escucha a sus amigos y, entre risas y cervezas, hace la paella. (Y tiene unas pizzas en el congelador por si la cosa se pone chunga, aunque eso no lo cuenta.) No le preguntes a los dos días cómo la hizo, porque cada paella para ella es única.
¿Cuál salió mejor? Ninguna. Las dos pasables y comestibles.
Pero pasan tres años y mira qué curioso: Pepe ya no mira la receta cada rato, se relaja, se suelta. Y Neus, que la ha liado alguna vez, cada día se fija más en los tiempos y las medidas. Los dos hacen unas paellas estupendas.
Con el masaje pasa exactamente lo mismo.
Neus arranca casi por instinto, porque es muy de percibir, y poco a poco va entendiendo mejor la anatomía, va metiendo técnicas nuevas y se vuelve más técnica. Pero sigue fluyendo. Pepe arranca muerto de miedo, agarrado a los protocolos y los tests, y poco a poco se relaja sin perder la precisión.
Los dos terminan en el mismo sitio: más técnicos y capaces de soltarse.
Ese es el camino. Duro para ir hacia delante (hay que estudiar, hay que pagarlo, hay que practicar) y facilísimo para volver atrás. Cuando eres técnico puedes hacer un relajante estupendo. Al revés no funciona.
Así que la pregunta no es si vas a estudiar más cosas. Es cuándo y en qué dirección.
Las ramas que salen del tronco
Una vez tienes base, se abren los caminos. Y aquí entra la brújula que de verdad importa.
No es «¿qué tiene más salida?». Es ¿eres terapeuta o no?
Ojo, no hablo de lo que legalmente somos (el masajista no es sanitario, punto, y luego vuelvo a eso). Hablo de cómo te autopercibes. De si tú quieres ser la persona en quien la gente confía para encontrarse mejor, o si eso te lo encuentras «de rebote», como quien se encuentra un billete por la calle y dice «pues vale».
Las dos respuestas son legítimas. Pero llevan a sitios distintos.
Deportivo
Si te tira el mundo del deporte, el ambiente de club, el trabajo antes y después del esfuerzo. Es una rama con mucha demanda y un perfil de cliente muy concreto. Si dudas entre empezar por aquí o por la base clásica, te lo aclaro en quiromasaje o masaje deportivo.
Estética
Drenaje linfático, kobido, maderoterapia. Un mundo entero.
Y ojo con mirar esta rama por encima del hombro, que se hace mucho. Hay masajistas de estética que ganan bien, que pagan su hipoteca con esto y que son felices. Se ponen contentos cuando la persona se ve mejor, igual que un peluquero cuando su cliente le dice que le encanta el peinado.
A ese masajista no le vayas con que te duele el cuello. Y no pasa nada. Está en el camino igual que todos, aunque vaya despacio.
Técnico-manual
Puntos gatillo, vendaje, trabajo de mandíbula (ATM), técnicas más finas y más precisas. Esta es la rama de quien responde «sí» a lo de terapeuta y quiere afinar la puntería.
Aquí se estudia más, se falla más y se aprende más rápido.
Reflexología
El pie como mapa. Una rama tranquila, con su público fiel, que combina bien con casi todo lo demás y que engancha a mucha gente que no se veía yendo por el lado técnico duro.
El techo del camino: la osteopatía
Te lo digo sin adornos: muchos masajistas acaban ahí.
No es raro que un masajista termine haciendo osteopatía. Al final son ganas de ayudar, y cada uno con sus recursos se acerca como puede.
Pero eso se hace conociendo los límites, los de capacidad y los legales. El masajista no es sanitario ni tiene la formación para tratar nada, y quien se olvida de eso acaba con dos problemas: uno legal y otro de identidad. Porque si intentas hacer algo para lo que no estás formado, lo más probable es que no lo consigas. Y fallar en algo que ni siquiera es tu papel no frustra: hunde.
Competir un masajista con un fisioterapeuta es como hacer una carrera entre un plátano y una bicicleta. El plátano no corre. Pero la bicicleta no ha venido a competir en sabor.
No trates de ser una bicicleta. Sé el mejor plátano que puedas ser. Y si un día decides cambiar de vehículo, cámbialo de verdad, formándote en serio.
Si te ronda por la cabeza, te dejo dos lecturas: se puede ser osteópata sin ser fisio y el curso de osteopatía en Valencia.
Lo que NO necesitas al principio
Esto te va a ahorrar dinero, así que atención.
No necesitas aparatología cara. Ese aparato de mil euros no te va a dar lo que te dan las manos. Y si las manos no saben, el aparato tampoco.
No necesitas diez diplomas de fin de semana. Un diploma no es una habilidad. Es un papel que dice que estuviste sentado.
No necesitas la colección completa de técnicas. Conozco gente con veinte técnicas y ninguna hora de camilla. Y gente con tres técnicas y mil masajes encima que se gana la vida de sobra.
Lo que necesitas es base, manos y horas. El resto viene solo, porque el camino te va a empujar.
Preguntas que me hacen siempre
¿Tengo que ser fisioterapeuta para dedicarme al masaje? No. Son profesiones distintas, con formación distinta y con roles distintos. El masajista no es un profesional sanitario y no trata nada, y ahí está precisamente su sitio: el masaje, que curiosamente a los fisios apenas se lo enseñan.
¿Por dónde empiezo si no tengo ni idea? Por el quiromasaje. Siempre. Anatomía, técnica base y muchas horas de camilla. Después eliges rama con criterio, no a ciegas.
¿Cuántas técnicas necesito para empezar a trabajar? Menos de las que crees. Lo que marca la diferencia no es cuántas sabes, es cuántas manos has puesto encima. Un masajista dedicado con pocas técnicas y muchas horas va a estar por delante de un coleccionista de diplomas.
¿Y si me da miedo no valer para esto? Mira, las primeras paellas de Pepe y de Neus no eran ninguna maravilla. Pasables. Tres años después las dos estaban de escándalo. La diferencia no fue el talento: fue seguir haciendo paellas.
Si has llegado hasta aquí es porque esto te está rondando de verdad.
Échale un ojo a los cursos de masaje que damos en Valencia y mira cuál encaja con el punto del camino en el que estás.
Y si no lo tienes claro, escríbeme y lo hablamos. Prefiero decirte «este curso no es para ti todavía» que venderte algo que no te toca.
Pere Mompó.
PD: Todo el mundo quiere saber qué estudiar. Casi nadie pregunta cuántas horas de camilla hacen falta. Y esa es la pregunta buena.