¿Se puede vivir del masaje? Lo que he visto en 25 años (y 600 alumnos)

Era un día de abril de 2002, si no recuerdo mal.

Había una chica que me gustaba. Y mucho.

Primera cita, la pregunta de siempre:

—¿A qué te dedicas?

—Soy masajista.

—Pero ¿y qué más?

Y qué más.

Hoy esa chica es mi mujer, trabaja en mi centro y escuela de masajes, y con ella hay otras 12 personas trabajando ahí.

Han pasado 24 años desde aquella pregunta. Yo llevo 25 en esto y he visto empezar a unas 600 personas.

Así que cuando alguien me escribe «Pere, ¿de verdad se puede vivir del masaje?», sé perfectamente de dónde viene la duda. Es la misma cara que puso ella en aquella cita.

La respuesta corta, y la que no cabe en una línea

La corta: sí. Se puede vivir del masaje, y se puede vivir muy bien.

La larga incluye la otra mitad, que es la que casi nadie te va a contar: he visto fallar a mucha gente en el intento. Puede que en una proporción más alta que en otras profesiones. Lo he visto en mi escuela y lo veo (más) en las otras.

Y te voy a decir algo raro viniendo de uno que vive de formar masajistas: me parece normal.

Te explico el porqué, que es donde está lo bueno.

La gente no fracasa: la gente no lo intenta

Imagina que lo tuyo es ser tornero-fresador o electricista: años de formación y una inversión muy seria antes de facturar un euro. Esa cuenta la hice entera, con números, en lo que cuesta un curso de masajes.

¿Y para ser masajista? Una formación de unos cuatro meses, un par de días por semana, poco más de mil euros. Hay intensivos de un mes.

La inversión es menor. Mucho menor. Y por lo tanto el coste de intentarlo es bajísimo.

Ahí está la trampa. Porque como cuesta poco, mucha gente no apuesta de verdad.

Vienen a la formación por conocer más, por ver si les gusta, porque «dicen que tienen buena mano», y después ya si eso vamos viendo. Se plantean un par de masajes a la semana como complemento salarial y ya está.

Y ojo, que eso está bien si es lo que deseas. Pero no puedes considerar que trabajas de masajista.

Piénsalo: no conoces a ningún electricista que por las mañanas sea camarero y por las tardes cambie enchufes. Ni a ningún tornero-fresador.

¿Sabes qué? Yo conozco a un montón de gente que trabaja de camarera por las mañanas (pon aquí el trabajo aburrido que tú quieras) y por las tardes hace masajes.

La gente no fracasa. La gente no lo intenta realmente. Hace la «prueba» a ver cómo se siente, pero no termina de jugársela.

Y aquí te lo dice uno que estuvo currando en un Burger King mientras empezaba. Turno de noche. Después me fui a un restaurante, a Casa el Famós, para poder completar los ingresos.

Pero fíjate en el detalle, porque el detalle lo es TODO.

En mi espacio mental, trabajar de otra cosa siempre fue «el extra». Yo en aquella época cobraba unos 800 euros en el turno de noche del Burger, y para mí esos 800 euros eran el extra.

Mi cabeza decía: «soy masajista y circunstancialmente completo mis ingresos currando en otra cosa».

No decía: «soy del Burger y hago algún masajito por las tardes».

Misma persona, mismos dos trabajos, misma cuenta corriente. Cabeza distinta. Y ahí se decide casi todo.

Nadie ha dicho que la vida sea fácil. No lo es. Hay que pelear por lo que quieres.

Ser masajista no es fácil; si lo fuera, lo conseguiría todo el que lo intenta. Pero es un trabajo enorme.

Y tiene un precio: para alcanzar la profesión siempre has de soltar algo. El masaje te va a pedir que abandones alguna cosa. Y te cuento un secreto: cuanto más te pida, más te dará.

Ahora bien, cuando repaso a los que sí lo consiguieron, de esos 600, siempre me encuentro las mismas tres cosas.

Dar espacio

Lo que veo es claro, nítido y cristalino.

La gente no le da espacio al masaje. Ni físico ni de tiempo.

No puedes pretender leer un libro de fitness y que tu cuerpo se vuelva perfecto, ¿verdad?

Pues tampoco puedes hacer una formación y luego no ofrecer disponibilidad para que la gente se haga masajes contigo.

Es absurdo, ¿a que sí? Yo también lo pienso. Pero hay gente que descubre con sorpresa que para trabajar de masajista hay que tener unas horas apartadas, y que esas horas tienen que estar disponibles para eso.

Haya masajes o no los haya.

Si no das espacio, ese espacio no se va a llenar en la vida.

Dar espacio.

Define: solo necesito convencer a 100 personas

Aquello de «quien mucho abarca, poco aprieta», aplicado al masaje.

Hay una máxima en marketing que dice que si le hablas a todos, no le hablas a nadie. Nadie se da por aludido. Nadie.

Cuando enseño esta parte en clase lo planteo así. En mi ciudad, que es València, viven 850.000 personas. Si cuento el área metropolitana, 1,7 millones.

Yo, para vivir del masaje, solo necesito convencer a 100 de ellas.

Repito: a 100. Cien entre 1,7 millones no llega ni al 0,006 %.

Hay mercado para todos. Pero tu mercado tiene que estar definido para llegar a las personas correctas en el momento correcto.

Mira estos tres anuncios, que son reales: los he visto por ahí, y te adelanto que ninguno es nuestro.

El primero es una lista: quiromasaje, maderoterapia, masaje relajante, circulatorio, cervical, embarazo, profundo, drenaje linfático, en pareja, deportivo, bambú, chocolaterapia… y sigue.

El segundo es la misma lista, pero con precios y minutos. Treinta minutos tanto, cuarenta y cinco tanto, setenta y cinco tanto.

El tercero dice otra cosa:

Te ayudamos con tus molestias de rodilla.
Somos un equipo de osteópatas y masajistas especializados en masaje y movilización articular de la rodilla.
Te haremos una exploración completa y te mostraremos claramente qué pasa con tu rodilla.
Tendrás las respuestas que no encuentras y trazaremos un plan claro, con objetivos concretos.
Ven, conócenos, y camina y corre de nuevo.

Ahora que has leído los tres: ¿cuál crees que va a llegar antes a esas 100 personas?

Pues depende de dónde esté el anuncio, peeeeroooo…

Te doy un dato, una estimación: 1 de cada 4 adultos con los que te cruzas por la calle tiene o ha tenido molestias de rodilla recientemente.

Uno de cada cuatro.

Si a esa persona le duele la rodilla y lee el tercer anuncio, evidentemente le resuena mucho más que «masaje de piernas cansadas» del primero o el listado del segundo.

El anuncio 3 tiene un objetivo. Le habla a alguien.

(Y que quede claro, que esto lo predico donde haga falta: hablar de una rodilla no nos convierte en sanitarios. El masajista no lo es, ni tiene por qué serlo. Sabemos lo que hacemos, sabemos lo que no nos toca, y cuando no nos toca, se deriva. Conocer tus límites es parte del oficio.)

Cree y resiste

Si nadie te da la oportunidad, dátela tú.

Nadie va a venir a decirte «oye, tú vales, ponte». No pasa. Ni a mí me pasó ni le pasó a ninguno de los que hoy viven de esto.

Y luego está la parte fea, la que no sale en los folletos: esto es un trabajo, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos.

Hay días buenos y hay movidas. Días que apenas haces nada y días llenos. Días de cancelaciones. Semanas mejores y semanas peores, igual que el que tiene un restaurante o cualquier otro negocio.

La diferencia entre el que vive de esto y el que lo dejó no suele ser la técnica.

Es que uno aguantó los meses aburridos con las horas reservadas y el cartel puesto, y el otro se fue a los tres meses porque «no funcionaba».

Las cifras, mejor aparte

Ya sé lo que estás pensando: vale, Pere, muy bonito, pero ¿cuánto se gana?

Eso lo tienes en otro sitio, porque merecía un artículo entero y con números encima de la mesa. Ya publiqué las cifras reales, sin maquillar, aquí: cuánto gana un masajista en España, cifras reales.

Lo que no vas a encontrar ahí, ni aquí, es una promesa. Yo no te voy a decir lo que vas a ganar tú. Ni idea. Depende de las horas que des, de a quién le hables y de cuánto aguantes.

Preguntas que me hacen todas las semanas

¿Cuánto se tarda en vivir de esto?

No te voy a dar un número, porque sería mentira. Formarte, unos meses. Llenar la agenda, depende de cuántas horas dejes libres desde el primer día y de si has definido a quién le hablas. Los que se lo toman como el trabajo principal desde el minuto uno llegan mucho antes que los que lo tratan como un hobby con factura.

¿Mejor autónomo o empleado?

Hay trabajo por cuenta ajena: centros, spas de hotel, zonas turísticas, estética. Está bien y da de comer, aunque con mucha rotación de gente y poco margen para profundizar. Pero la mayoría de la gente que veo empezar viene buscando otra cosa: ser libre y gestionarse uno mismo. Y ahí, sí, esto va de trabajar para ti.

¿Y si ya tengo trabajo?

Perfecto, empieza igual. Yo empecé así. Lo único que te pido es que decidas cuál de los dos es «el extra» en tu cabeza. Si el extra es el masaje, ya sé cómo acaba la historia.

¿Qué salidas tiene el quiromasaje?

Más de las que crees: centro propio o cabina alquilada, deportivo con clubes, estética (drenaje linfático, kobido, maderoterapia), spas y hoteles, empresas, domicilios. Y luego está el camino que recorremos todos: empiezas queriendo relajar a la gente y acabas queriendo mejorar cómo está. Ese camino es de ida.

Entonces, ¿te lanzas o no?

Si has llegado hasta aquí, igual la pregunta no era «¿se puede vivir del masaje?».

Se puede. Ya te lo he dicho al principio y te lo repito al final, con 25 años y 600 personas detrás.

La pregunta es si tú lo vas a intentar de verdad, o vas a hacer la «prueba» a ver qué se siente.

Si es lo primero, aquí tienes las formaciones de quiromasaje y masaje que damos en Valencia. Y si prefieres verlo con tus ojos antes de decidir nada, escríbenos y te sentamos en una clase. Vienes, miras, preguntas y te vas. Sin compromiso y sin que nadie te persiga después.

Por cierto: en 2002 aquella chica me preguntó «¿y qué más?».

Veinticuatro años después, la respuesta sigue siendo la misma. Soy masajista.

Nada más. Y nada menos.

Pere Mompó.